Karl Landsteiner, el Nobel que descubrió los grupos sanguíneos

14.6.16

Gracias a los descubrimientos de Karl Landsteiner (Viena, 1868) se han salvado muchísimas vidas. Su tipificación de los grupos sanguíneos y su compatibilidad no solo ha permitido que se puedan hacer transfusiones con total seguridad y una base científica; también que un montón de bebés con un factor RH distinto al de su madre nazcan sanos. La justicia también se ha visto beneficiada de esto gracias a los análisis periciales de los litigios de paternidad.

Hijo de un conocido periodista que murió cuando él tenía seis años, Karl Landsteiner se doctoró en Medicina en Viena. Sus primeras investigaciones en su instituto de patología (primero como ayudante y, a partir de 1909, como profesor) se centraron en la genética de la sangre humana, que comparó con la de los simios y otros animales.

Karl Landsteiner usó su propia sangre y la de sus compañeros de laboratorio a la hora de llevar a cabo el experimento que le haría pasar a la historia. Tras separar el suero de la sangre de los glóbulos rojos y mezclarla con las muestras obtenidas, se dio cuenta de que las reacciones eran diferentes, lo que le permitió establecer los tres grupos sanguíneos: A, B, 0. Un año más tarde completó la clasificación con otro más: AB.

Tras emigrar a Nueva York en 1922, Karl Landsteiner comenzó a trabajar en el instituto Rockefeller de investigación médica hasta su muerte en 1943. Allí amplió su investigación. En 1927, junto con Philipe Levine, inmunizó conejos contra varias enfermedades sanguíneas y descubre antígenos de la sangre común al hombre (nombrados M, N y P). Y en 1940, con Alexander Solomon Wiener, da con el factor RH, un antígeno que provenía del suero de conejos inmunizados con sangre de un mono de la especie Rhesus.
La comunidad científica recompensó los logros de Karl Landsteiner -que también ayudó a identificar el virus de la Polio- otorgándole el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1930.
Hoy Google celebra el 148 aniversario de su nacimiento con un un doodle que vuelve a sacar del anonimato a un científico tan brillante como trascendente.
Fuente: EL PAIS


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